jueves, abril 13, 2006

El hambre del poeta


Escribe : Juan Carlos Guerrero

Hace algún tiempo, yo administraba un pequeño restaurante de propiedad de una de mis hermanas. Y por las noches, preferentemente, los fines de semanas, me reunía con mi amigo: el gordo Iván, o con otros amigos para bebernos algo. Con el gordo hablábamos de poesía, de música, de hembritas, de nuestros sueños, de lo muy vagos que éramos, y de tantas cosas más. A veces con el gordo Iván nos largábamos a Cerro Azul, o Lunahuana, a vivir la bohemia, a conocer gente, a latear por las calles, la pasábamos bien, respirábamos fuerte para llenarnos de mundo en los pulmones, nos fascinaba eso.

Fue Iván quien me presentó al poeta, una noche, él recién lo conocía, y nos presentamos como un par de jovenzuelos aspirantes a poetas. Aquella vez nos tomamos tres botellas de vino con Verástegui, todas a cuenta mía, estaba feliz por la oportunidad de poder charlar al fin con alguien tan importante, y no salía de mi asombro, pero el tipo se dedicó a beber más que a contarnos de sus viajes por Europa, de su filosofía y sus poemas, que era lo que queríamos escuchar. No hacía otra cosa que fumarse todos los cigarrillos posibles, y hundirse en los sopores del vino, hasta que se quedó completamente dormido en la mesa.

Todavía emocionados por haber conocido a Verástegui, invitamos a otro amigo (Javier Chaupin), quien también gustaba de la literatura, y que obviamente deseaba conocer al poeta. La reunión fue en el restaurante que yo administraba, aquella vez sí que la pasamos mejor. Tenía guardado un cuaderno con poemas míos para enseñárselos a Verástegui, en un principio me acobardaba, ya cuando estuve algo bebido me atreví a mostrárselos -aunque el poeta estaba el triple de borracho que yo-, con los ojos extraviados leía el cuaderno y luego me dijo que mis poemas eran excelentes, y que siga escribiendo, no sé si me lo dijo por compromiso, o por que realmente le gustaron, sólo sé que pedía más cigarrillos, más botellas de vino, y por último le dieron ganas de comer, tenía mucha hambre. Para fatalidad el cocinero se había marchado, y para colmo, no había nada para preparar en la cocina, no nos quedó otra que comprar comida en otro sitio, para calmar nuestra hambre y la del poeta. Cuando llegó la comida, el poeta ya estaba dormido, por más que el gordo Iván intentaba despertarlo, nada de nada, era un tronco roncando. Así que nos dispusimos a comer. El plato se hallaba en el centro de la mesa para picar entre todos, con nuestros tenedores en la mano esperábamos la señal, puesto que el gordo Iván (a pedido de Javier y el mío), hizo el último intento para despertar al poeta, que bostezando y con una pereza de los mil demonios, abrió primero un ojo, luego el otro, para después atrapar el plato, y jalarlo para su lado, poner los dos codos como una especie de trinchera delante de él, y empezar a comer, grotescamente, masticaba la comida, con un estilo de perro como seguramente diría Bukoswski. En un santiamén no quedaron ni rastro de lo que alguna vez fue un plato con comida, hasta los fideos que cayeron en la mesa fueron devorados, nosotros simplemente quedamos observando tal escena con los tenedores bailando en nuestras manos, sin otra cosa que hacer que mirarnos las caras. Como final, el poeta, mientras se chupaba los dedos hasta el cansancio, y no teniendo con que limpiarse o posiblemente en un acto inconsciente, agarró el mantel de la mesa y como si fuera una servilleta se limpió la boca y las manos, eructó como un condenado, se levantó de su silla, y tambaleándose se marchó sin siquiera despedirse.

Nos seguimos reuniendo en otras ocasiones con el gran Verástegui, en medio de infernales botellas de vino, por que el hombre decía beber solamente vino y cerveza. Muchas veces venía con sus cassettes de música clásica, de Lou Reed, y nosotros nos poníamos a escucharlos, con infinito placer, cuando caía la tarde. El gordo Iván para no desentonar escogía sus mejores cintas, que las traía de su casa: Pearl Jam, Nirvana, Blind Melon, etc.

En cierta oportunidad, nos encontramos con el poeta en plena calle, por el mercadillo de San Vicente, nosotros estábamos con la resaca de la noche anterior, y no queríamos saber nada de tragos, en ese momento, a pesar de que muy insinuantemente el poeta nos había dicho que "la tarde estaba chelera" simplemente le invitamos una inca kola bien helada. Aquella vez fue la mejor conversación con Verástegui, estaba lúcido, pleno, sabio, nos habló de su pasión por el Renacimiento, por Dante Alighieri, de la generación del 70, a la que pertenecía, de sus días por Europa, concretamente de París, Barcelona, y las Islas Baleares. En la biblioteca municipal leí "En los extramuros del mundo", el primer libro de Verástegui, escrito cuando aún era estudiante de la San Marcos, luego "Terceto de Lima", y me parecieron dos muy buenas obras. Nos convertimos en buenos amigos, siempre solía ir a buscarme, pero como nada en la vida es estático, todo cambia, rota, nos dejamos de frecuentar, por los planes individuales de cada uno. Hace mucho tiempo que no sé nada de él, algunos dicen que ha regresado a Europa, otros que se encuentra en Lima escribiendo para un periódico, los más perversos dicen que lo han visto internado en un hospital psiquiátrico en la capital, por su facha desaliñada: muchos lo tomaban como un loco.

15 Comments:

Blogger Araceli Casanova said...

Que buena historia cuentas de ustedes los poetas .Así es , esa verdad se repite en aquellos que llevan la pasion en las letras o en el arte, es así tambien como viven la vida, un día puedes ser un príncipe, otro un mendigo, otro un sabio, otro un tonto, pero los dias pasan y pasan y sigues siendo poeta, eso no cambia.

3:51 PM  
Anonymous Anónimo said...

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Blogger Laura Hammer said...

Interesante recuento. Tío dejame decirte que me encanta cuando escribes para otra gente, a ves incluso pareces lúcido.
Saludos.

10:54 AM  
Anonymous rolando said...

Muy buena man... ;) SALUDOS.

11:42 AM  
Anonymous Anónimo said...

A un poeta se le lee. Si le entiendes, has demostrado algo de inteligencia. Tú no habías leído a Verástegui (quiero creer que puedes ser inteligente) pero te dejaste llevar por el morbo. La curiosidad no está mal, pero hay que saber comportarse (y me refiero a ti, no al poeta)

Parece que hay que recordarte que vives en una sociedad pauperizada, que aliena a muchos, entre ellos personas del talento de Verástegui.
¿Para que escribes ese post? ¿Para tener algo que contarle a alguna chica, para promocionar tus primeros ejercicios?

Si no te importa dejar mal a alguien, tampoco te importará que te digan que te has portado como un imbécil.

Muertos de hambre y de espíritu están apareciendo demasiados en el carnaval de las letras peruanas del nuevo milenio.

3:36 AM  
Anonymous Anónimo said...

no estuvo mal, y con el perdón de los moralistas, o mejor dicho de los hipocritas que se camuflan entre las buenas costumbres, me encantó tu texto, divertido y con estilo, aquí es donde se ve las miserias del mundo del arte, hombres desnudos y que no saben para que sirven, si no es para vivir de gratis, yo también tengo talento para dormir y bueno, me jode pensar que existan idolos, esos que los demás llaman hombres maravillosos.

3:09 PM  
Anonymous Anónimo said...

Es fácil desnudar las flaquezas de los "hombres desnudos y que no saben para que sirven" cuando se trata de otros.
¿Tendrías tanta honestidad si se tratara de desnudar tus propias flaquezas? ¿Rajar de los excesos de una persona es propio de un "maldito"?

9:08 PM  
Blogger palabraserrantes said...

Y entre alcohol, noches perdidas y demás, los más lúcidos poetas malditos de la historia supieron vomitar su arte mal que le pese a mucho pacato dando vuelta.
Perdón al anónimo, pero la poesía no es para ENTENDERLA sino para sentirla. El arte entra por los poros... Quiene disecan con el juicio son los críticos.
El lenguaje allí no comunica, "es" en su propia esencia, lenguaje transfigrado.

Buenas historias. Y poco observador también el anónimo ensañado contigo o que lee a a medias... que desnudando a otros nos desnudamos a nosotros mismos.

Abrazo espartako

10:28 PM  
Blogger Zuriñe Vázquez said...

Me has recordado mucho con este conocimiento tan bien contado, al libro de Bolaño, Los detectives salvajes, precioso y largo relato de poetas y sus locuras. Una maravilla. Ahí te veo yo. Tu sigue escribiendo. Besos

6:58 AM  
Blogger Leto said...

gracias por la invitación!... creo que en algún lado leíste mi azaroso encuentro con los textos de Verástegui, hace poco llegué a "Adagio de leopardo con flor en las garras" y de esa lectura, en medio de amigos, cervezas (tus chelas), y mucho humo salió algo que dejé en el blog...
...tu relato me recuerda que la vida está tan buena -a veces- que para qué quedarse solo, escribiendo.
saludos, Leto

5:53 PM  
Blogger Leto said...

ahhhh me olvidaba!, la próxima vez que pise suelo peruano voy a intentar encontrar -aunque más no sea en la resaca- a Verástegui... ¿qué tal formar una especie de "comitiva internacional" en busca de poetas perdidos? ¿te prendés?
jejeje

5:56 PM  
Blogger Martín said...

Hola, Juan Carlos

Gracias por el gesto de enviarme tu enlace. Ahora estoy algo apurado pero mañana, más despajado, leeré como se merece tu crónica sobre Verástegui...

Un saludo

Martín

6:43 PM  
Blogger Erika Almenara said...

Excelente crónica, qué suerte haber podido conocer al poeta de esa manera.
Saludos,

7:19 AM  
Blogger El Doctor Monique said...

¿Y dónde estará ahora el poeta? Seguro que haciéndose el dormido en algún antro de mala muerte, siempre al acecho de otros incautos para gorrearles algo de trago. Salud con la mesa...

10:37 AM  
Anonymous Anónimo said...

La culpa es de Verástegui, por quedarse a vivir en ese pueblucho atorrante que es San Vicente de Cañete. Si hasta Imperial es "mas ciudad" que un sitio que solo sirve de pascana para que los pasajeros que van a Cerro Azul, Lunahuaná, Ica o donde sea, se bajen a mear. Para eso sirve Cañete.

10:00 AM  

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